Traición: la socialdemocracia

Escuchando a Claudia Sheinbaum diciendo que los extremos se juntan y que todo el tema de la CNTE es resultado de la televisora de Salinas Pliego (el mismo Salinas Pliego que se quiere ver como «revolucionario» solo porque el gobierno actual no está alineado a su ideología, pero pregúntenle a Carlos Slim cómo es su relación con la 4T, el Carlos Slim que dijo que la jubilación debería ser a los 75 años. ¿Quién será peor? ¿El empresario nazi o el empresario fascista?), me hace recordar por qué los reformistas son bobos, y por qué la socialdemocracia es cómplice del aparato liberal-burgués.
Los momentos en los que la izquierda (liberal, progresista y cómplice de la burguesía) falla, es cuando se empiezan a generar las crisis. Ahí es cuando el panorama político liberal se agrieta y pueden surgir dos caminos: el de la derecha que es una vía autoritaria, con un capitalismo más severo y un Estado más fuerte o el de la vía socialista a través de las organizaciones obreras, sindicales y agrarias.
Ambos son supuestos «extremos», pero veamos qué ofrece cada uno.
El liberalismo político es la administración de las contradicciones del capitalismo sin cuestionar sus bases materiales; promete derechos y representación, pero preserva la propiedad privada de los medios de producción y el dominio de la clase burguesa.
La derecha es la respuesta reaccionaria a las crisis del liberalismo: busca restaurar el orden mediante la disciplina, el nacionalismo, la represión o el fortalecimiento de las jerarquías sociales, manteniendo intactas las relaciones de explotación capitalista.
La socialdemocracia propone conciliar los intereses del trabajo y el capital mediante reformas y negociación institucional. Una conciliación que históricamente ha dejado más problemas que respuestas: en Alemania (con el SPD), bajo su gobierno socialdemócrata, terminaron matando y persiguiendo socialistas (del KPD) en nombre de la estabilidad, y eso fue justo lo que permitió que Hitler llegara al poder.

Rosa Luxemburg, hacia 1907–1921. Asesinada en 1919 por los Freikorps con la aquiescencia del gobierno socialdemócrata alemán (SPD) — fotografía de dominio público, Wikimedia Commons.
El socialismo es una alternativa a esta lógica liberal; es salir de la dicotomía de izquierda y derecha construida dentro del propio orden burgués y buscar una superación que nace del mismo capitalismo, pero tratando de eliminar sus contradicciones, es decir, abolir la explotación del trabajo por el capital y construir una sociedad basada en la propiedad social de los medios de producción y el poder democrático de la clase trabajadora.
Entonces, lo que hace la socialdemócrata Claudia Sheinbaum es autodeclamarse LA IZQUIERDA. Las bases materiales de Morena no son socialistas, son socialdemócratas, hasta dentro de sus primeros estatutos. La socialdemocracia es para bobos y el reformismo es precisamente la herramienta para mantener a la clase trabajadora sometida: le quita su poder organizativo, desarticula la lucha y la convierte en espectáculo, no en un sujeto político activo.
La gente votó por Morena creyendo que era una revolución popular. Y claro, los socialdemócratas siempre se agarran de eso: de la esperanza de la gente en que su voto va a cambiar algo.
Spoiler: no cambia nada.