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Música

Tráfico (crítica)

·3 min de lectura
Un violinista toca en el trolebús del Eje Central, Ciudad de México (2009). Fotografía con licencia CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons.

Quiero compartirles una crítica que escribí para la clase de crítica musical con el maestro Armando Gómez Rivas, sobre una obra conocida.

Tráfico #

—¡No mames, otra vez! —grito de manera silenciosa hacia el techo del camión.

Nos detenemos. No es un semáforo. No es un choque. Es una marea de gente cruzando la lateral con carteles y un megáfono que corta la tarde como una trompeta desafinada quejándose. Banderas de Palestina. Banderas rojinegras.

—¡Qué molesto! Otra vez estos weyes quejándose por cualquier cosa —me digo.

El chofer baja del asiento y grita algo; nadie entiende mucho. A mi lado, un señor con gafete suspira largo, como si le pesara la ciudad entera en la garganta. En la parte de atrás, una morra de prepa desliza el dedo en su teléfono con todo el volumen arriba viendo TikToks. Una señora aprieta semillas y las mastica con un ostinato implacable.

Pienso en Bach —ese maldito vicio que me persigue en los pasillos del Conservatorio Nacional de Música— y en cómo, a las dos de la tarde, mi prioridad inmediata es no llegar tarde a clase. Pienso en la tarea de folclor que quizás no hice. Pienso en que, en la mañana, leí algo sobre Donald Trump y sus amenazas de bombardeos; pasó por la cabeza como un paréntesis distante: si acaso vuelan bombas en alguna parte, aquí seguimos atorados por una protesta en el chingado tráfico. A ver con qué madre van a salir esta semana.

Saco el celular con el brazo entumido, atorado por cuerpos.

qué pedo, we, ya llegaste al cnm?
sí, we, desde hace rato xd
wey, por fa avísale a Islas que voy tarde, hay manifestación y estamos atorados 😞
alv, va, we
oye we… ¿hiciste la tarea de folclor?
no mames que había tarea 😞
SÍIIII 😭😭 pinche viejo, ya nada más quiero pasar la materia
vrga we, la hacemos en la siguiente hora
we, tira paro no traigo feria y tengo un chingo de hambre. Préstame 50 varos
y te los pago el lunes del hueso que me salga el fin de semana
simón, pero ya apúrale

Guardo el teléfono. El señor de al lado resopla otra vez.

El camión es una sinfonía: pedal del motor sostenido, golpes de frenado como ráfagas de platillo, voces que entran y salen en contrapunto. Hay más texturas aquí que en muchas salas de ensayo: polirritmias accidentales, síncopas de llantos, un bajo continuo de latas y fricción.

Me acomodo los audífonos con la cancelación de ruido y me digo que así me salvo: yo elijo qué entra y qué no. Aunque en realidad todo entra. Me digo que soy músico, que eso implica tener oído, que si algo pasa lo notaré. Repaso mentalmente el pasaje de semicorcheas que siempre se me aprieta la mano derecha. Pienso en Islas cerrando la puerta. Pienso en que quizás si no hubiera estado chateando hasta tarde anoche no estaría ahora diciéndome esto.

De pronto entra Blue in Green de Miles Davis —un acorde largo que me pega en el esternón— y me sobresalto. ¿Desde cuándo había música?

Saco el celular. La barra de reproducción avanza sin pausa. Reviso el historial de reproducción.

Ah.

Se estaba reproduciendo 4′33″ de John Cage.

Levanto la mirada, medio avergonzado.

El megáfono sigue. La señora sigue con el ostinato de semillas. El niño detrás dejó de llorar y ahora marca un ritmo torpe con el pie. El señor de al lado vuelve a suspirar. El motor retoma su pedal como si aquello nunca hubiera dejado de ser música.

Cuatro minutos y treinta y tres segundos. Yo, estudiante del Conservatorio, jurando que no estaba sonando nada.

El silencio nunca fue el problema.